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Así
pues, nuestro agradecimiento más profundo al Jefe de Protocolo
Real, Rafa Mundet, a las dos señoras, simpatiquísimas
y con gran capacidad de aguante, que nos ayudaron a arreglarnos
la barba, el pelo y que ocultaron
con esmero las huellas faciales de nuestra antigua edad. Gracias
a nuestros pajes, a todos, los míos se llamaban Jemir y Rust
(Ramón y Fede en vuestra lengua). No puedo dejarme a Emilio
Ejarque, que se encarga como nadie de los reales ropajes y a Toni
Busqué y a la Casa Argemí, donde dispusieron la tienda
real, antesala de nuestra llegada y
a los conductores de los vehículos.
Y, finalmente, quiero hacer una mención especial. Yo, aquel
día, si hubiera tenido que ponerle nombre a un ángel
de la guarda, lo hubiera llamado Rosa Geli. En plan silencioso,
sin alardes, debió enhebrar la aguja más de .... yo
que sé. Aquí reducía, allí aumentaba,
estiraba, encogía, vistió pajes, adecuó las
vestimentas a sus tamaños, luego nos ayudó a mis colegas
y a mí y, finalmente se quedó mirando como la comitiva
se ponía en marcha sin faltar detalle. Aunque parezca mentira
no había acabado. Cuando subíamos al escenario montado
al efecto, aún pude oír su voz que decía: "Estoy
ahí abajo, si Sus Majestades o pajes tienen algún
problema, solo mírenme". Eso me dio la confianza final
de que todo iba a salir bien. Y así fue.
Finalmente nuestro agradecimiento al Sr. Presidente del Club y a
su Junta, que tan bien nos recibieron, como siempre acostumbran.
La conclusión se relaciona aquí con mi pequeño
discurso, en el que pedía colaboración a los socios,
ya que sin vosotros no andará la máquina.
Gracias a todos
GASPAR
Rubia Majestad
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